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El lápiz perdido Un niño acompañado de su madre, sin quererlo, dejó caer de su bolsillo un lápiz nuevo cuando  iba a su escuela, a una hora de camino, como todas las mañanas. Ya debe haberse dado cuenta del placer que ha perdido al no poder estrenar su lápiz. Anoche nomás, ansioso le había sacado punta con su tarjador hasta dejar la punta reluciente como una espada. Quién sabe si a estas horas la frustración haya sido mitigada por la promesa de la mamá de comprar otro lápiz hoy mismo o por el préstamo de un lápiz usado de algún compañero que acostumbra a tener varios en su mochila.  Entre tanto, su padre ignora lo sucedido, concentrado en el cuidado de los cultivos de hortalizas y de la limpieza de la casa hacienda antes que lleguen sus moradores a pasar el fin de semana.  Esa misma mañana encontré el lápiz cuando parecía dormir entre las pequeñas piedras humedecidas por la garúa de un amanecer de invierno. En el camino rural, poco transitado, alguna...
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Luces y sombras ¿Qué es la vida? Un frenesí.  ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Pedro Calderón de la Barca La sombra no existe; lo que llamas sombra es la luz que no ves. Henri Barbusse Cordura La plata crece, la vida se achica. La desigualdad es pan en la mesa. La lluvia cae en techos y cabezas desnudas. La alquimia convierte la locura en cordura. Las tiendas abren 24 horas durante las fiestas. Hay más clientes que personas. El orden ajeno, que he visto a la luz, camina rápido entre colores rutilantes. El dinero ha invertido en su propia liturgia mientras la vida se achica. Chaise longue El bosque de molles costeños ya no existe. La sombra acogedora en un mediodía de sol dibujado por la historia se fue con el bosque llevada de la mano por el viento. Hoy las sombras bajo el techo de polipropileno es habitado por una larga parrilla de asados ausentes, jun...
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Pintura de Marianita Chávarry Martinez Encuentro en el bosque Todo hizo creer que Angelito Cueto llegó al pueblo una noche inmensa en medio de un circo de temporada de fiestas patrias. Nadie sabe por qué decidió quedarse y dejar que el circo siguiera su ruta trashumante en busca de otros pueblos.  En algún momento vecinos lenguaraces soltaron sin fundamento que el recién quedado era un migrante de Congo belga. En medio de las tinieblas de su procedencia Angelito fue haciéndose sitio como si fuera una pincelada amable en el cuadro de vida local.  Trabajó en humildes oficios convocado por sus músculos y obediencia serena. Algunas generaciones de niños lo vieron jalando una carretilla de reparto de baterías  de automotores, recargadas en el negocio de la familia Subauste, usadas para hacer funcionar a los potentes radios de tubos  e inmortales refrigeradoras de aquella época de dependencias ingenuas del país frente al olor de lo extranjero. Caminaba vestido d...
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La casa La casa cerca del acantilado existe fuera de los límites de la guerra. En el traspatio tiene una hilera de maíz con barbas en remojo. Es aquella de garúas deslizándose como gatos por los techos. Está pintada de ilusiones que unen el corazón de la distancia y alejan los fantasmas. Es la casa de las compañías sinceras Con las pieles suaves y húmedas de las bienvenidas De las opiniones libres y versos demoníacos De los incendios ocasionales y risas permanentes. Es la casa de jardín cultivado por Noé en metro y medio de mundo De leche tibia en el hogar encendido todas las mañanas De pan en la mesa remojado por el sudor de la frente. Allí no viven soledades acompañadas Ni víctimas de por quítame estas pajas Ni sombras de serpientes nacidas de sucios negocios Ni fundamentalismos de trapaceros políticos y religiosos. Solo hay tiempo para ganarse la vida con cariño cierto. Lejos de las conveniencias y de las batallas por saciar las necesidades p...
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Ambivalencia Frank pensó salir de paseo con su otro yo: “A soltar los huesos y respirar la mañana”. En el segundo instante de su pensamiento se preguntó si el deseo de salir a pasear fue de él  o de su otro yo.   “No importa –Dijo desde su lado más pasivo y conciliador -,  Igual iremos a dar una vuelta por mutuo acuerdo ”. Es sábado muy temprano y se alistó con cierto apuro para salir de casa. Llegado el momento, cerca de la puerta de salida se miró en el espejo para hacer su último control de calidad y exhibió una sonrisa de felicidad plena, aun cuando en su diálogo interior se mantenía el humor de los debates acalorados entre  sus dos yo. El yo más independiente y desapegado  argumentaba con soberbia haber logrado un sitio importante en el mundo. “Yo camino con buena imagen y por eso no me cuido del que dirán”  Lo que no dijo –criticó su otro yo- es que su imagen había sido copiada de los escaparates más finos de los escenarios...
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Encuentros La reunión anual comenzó con la alegría propia de los encuentros esperados. Los amigos y compañeros de colegio, mujeres y varones, fueron llegando de viaje, uno a uno, para sumarse a la burbuja de saludos cariñosos, antes de sentarse en sillas de paja dispuestas en redondo por el dueño del establecimiento. Los rayos de sol ingresaban entre las cañas del techo con la fuerza del mediodía. Los que se habían quedado a vivir para siempre en la provincia, más receptivos y lentos, dueños de sus tiempos, participaban menos, quizá considerando que no tenían nada nuevo que contar, hasta que en un momento inesperado el siempre reservado Huapaya, sentado y con las piernas estiradas y cruzadas  a la altura de los tobillos, con una copa reposando en la mano izquierda y con una botella de cachina en la mano derecha,  intervino para abrazar con sus palabras a todos los presentes y, de paso, contarles de la crianza de cincuenta patos en el corral de su casa con motivo del p...
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Hoy la vi "Hoy la vi. Fue casualidad… Yo estaba en el bar. Me miró al pasar”,… canta por siempre Leonardo Favio a todos los vientos. En mi historia también "la vi”,…por única vez tres veces,… pero la mariposa casualidad se perdió, muy pronto, por la maduración acelerada de las ganas reposadas en las sombras de campos de molles, en las que dejamos el recuerdo profundo de la  vida fugaz que ya no podemos volver a caminar. Fusiones Mis parientes de China me podrían enseñar a cocinar el original Lo Mai Gai, ahora que estoy pasando apuros en la cocina. En la alacena tengo arroz glutinoso, en la refrigeradora guardo salchichas de pollo deshuesado que he preparado luego de mil intentos y ayer he comprado en una tienda de Capón los hongos secos, pero no logré conseguir hojas de loto.  (Me siento como hijo de inmigrantes libaneses en Europa, con una mezcla de nostalgia y desarraigo convertido en antojo, por esa ansiedad repentina de comer baba ghanoush, pero sin p...