El lápiz perdido Un niño acompañado de su madre, sin quererlo, dejó caer de su bolsillo un lápiz nuevo cuando iba a su escuela, a una hora de camino, como todas las mañanas. Ya debe haberse dado cuenta del placer que ha perdido al no poder estrenar su lápiz. Anoche nomás, ansioso le había sacado punta con su tarjador hasta dejar la punta reluciente como una espada. Quién sabe si a estas horas la frustración haya sido mitigada por la promesa de la mamá de comprar otro lápiz hoy mismo o por el préstamo de un lápiz usado de algún compañero que acostumbra a tener varios en su mochila. Entre tanto, su padre ignora lo sucedido, concentrado en el cuidado de los cultivos de hortalizas y de la limpieza de la casa hacienda antes que lleguen sus moradores a pasar el fin de semana. Esa misma mañana encontré el lápiz cuando parecía dormir entre las pequeñas piedras humedecidas por la garúa de un amanecer de invierno. En el camino rural, poco transitado, alguna...